Como les mencioné en el blog anterior, recibimos la noticia de que estábamos esperando un bebé. Fue un momento emocionante, pero también lleno de incertidumbre, ya que aún nos faltaba realizar el examen médico para nuestra aplicación de inmigración, algo que obviamente no podíamos ocultar.
Decidimos consultar con Ro para entender cómo este nuevo capítulo podía afectar nuestros planes. Después de felicitarnos, nos dio una noticia que en ese momento nos pareció desalentadora: según su experiencia, nuestro embarazo podría cambiar radicalmente nuestras posibilidades, ya que mi esposa venía como estudiante y yo como su acompañante. Nos explicó que, por el programa al que estábamos aplicando, existía una alta probabilidad de que rechazaran nuestra solicitud.
Sin embargo, decidimos no detenernos. Confiábamos en que, si estaba en los planes de Dios, todo saldría como debía ser. Con esa fe, continuamos adelante con el proceso, convencidos de que no había nada que perder.
Dos semanas después, ocurrió algo que solo puedo describir como un milagro. Una tarde, recibimos una llamada de Ro. Con un tono emocionado nos dijo: “¡Es un milagro!” Mi esposa y yo nos miramos confundidos, y Ro añadió: “Ustedes están bendecidos por Dios. Migración acaba de anunciar que, para los ciudadanos de Colombia, ya no será necesario presentar el examen médico”.
No puedo describir la felicidad que sentimos en ese momento. Fue como si el universo nos confirmara que estábamos en el camino correcto. Esa fue la primera señal de que Dios estaba abriendo las puertas para nosotros. Y no sería la única. En los meses siguientes, todo comenzó a alinearse de maneras que nunca hubiéramos imaginado.
Más adelante les contaré cómo cada obstáculo se transformó en una oportunidad, reafirmando que este era nuestro destino.

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