Reunir documentos, ¡qué dolor de cabeza esa frase para muchos! Especialmente cuando implica buscar papeles de los que ya ni te acordabas, como el registro de nacimiento. Esa fue una de las frases que más recuerdo de la persona que nos ayudó con todo el trámite. Con el tiempo, se convirtió en una amiga cercana; su sencillez y amabilidad hicieron el proceso mucho más llevadero. La conocimos a través de un familiar de mi esposa (creo, aunque el detalle exacto no lo recuerdo). Lo que sí tengo claro es que, después de hablar con ella, Canadá nos enamoró aún más.
Recuerdo que los primeros documentos que nos solicitó fueron un formulario de aplicación para estudiar inglés en Sheridan College, el cual iba a diligenciar mi esposa, quien vendría como estudiante. Con mucha ilusión imprimimos y enviamos el documento, esperando recibir una respuesta positiva lo más pronto posible.
Cuando finalmente llegó la respuesta positiva del college, Ro —nuestra asesora y amiga, como cariñosamente la llamábamos— nos escribió para que comenzáramos a armar nuestro paquete de documentos. ¡Sí, era todo un paquete! Para mí, parecía que íbamos a necesitar mil documentos que no sabía ni de dónde sacar. Mi esposa y yo nos mirábamos y nos preguntábamos: “¿A qué hora vamos a hacer todo eso?”
Empezamos a reunir papeles por todos lados; tocó llamar a fulanito, fulanita, mis papás, abuelos… en fin, a todo el mundo, para preguntar dónde podrían estar esos documentos. Finalmente, logramos reunir todo en unos quince días y se lo enviamos de inmediato a Ro. Ella nos dijo: “Bueno, muchachos, ahora solo queda esperar a que nos den una respuesta.” Solo faltaban los biométricos y los exámenes médicos, que haríamos una vez el gobierno canadiense los solicitara. Eso llegó como un mes después de revisar los documentos, si no estoy mal.
Pero entonces, sucedió algo inesperado que cambió todo. En medio de ese mes de espera, una noticia nos sorprendió y, en cuestión de segundos, nuestros planes se tambalearon: ¡mi esposa estaba embarazada! Nos llenó de alegría, pero también de preocupación. Faltaba el examen médico, y sabíamos que el embarazo no se puede ocultar. De inmediato, llamamos a Ro en busca de respuestas, pero su reacción… no fue la que esperábamos.
¿Sería este el final de nuestro sueño canadiense, o simplemente el comienzo de un nuevo desafío?

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